15 49.0138 8.38624 arrow 1 both 1 4000 1 fade http://www.kemagazinesotogrande.com 300 true 4000
Contacto: Tlf. 655 925 733 / direccion@kemagazinesotogrande.com

Del Atlas al Sahara

por admin
24 junio, 2016
1695 Vistas
¿Quién no ha oído hablar de Marrakech, Fez o incluso Essaouira?. Sin embargo, Marruecos, un país con un importante desarrollo y afluencia turística, todavía guarda lugares, tesoros e imágenes que parecen sacadas de un cuento de las Mil y Una Noches. Para ello, sólo hay que cruzar la cordillera del Alto Atlas y perderse en los caminos del sur, aquellos que nos conducen...

¿Quién no ha oído hablar de Marrakech, Fez o incluso Essaouira?. Sin embargo, Marruecos, un país con un importante desarrollo y afluencia turística, todavía guarda lugares, tesoros e imágenes que parecen sacadas de un cuento de las Mil y Una Noches. Para ello, sólo hay que cruzar la cordillera del Alto Atlas y perderse en los caminos del sur, aquellos que nos conducen hasta el infinito desierto del Sahara. Probablemente, el Valle del Draa sea el mejor escaparate para hacernos viajar por la historia. Cuando uno llega a Ouarzazate se siente ya en un escenario casi de película, y no es para menos teniendo en cuenta que la mayoría de las producciones históricas han sido rodadas en sus alrededores.

Ouarzazate ha sido y es un punto estratégico para la exploración de gran parte del sur marroquí. Junto a la ciudad, la alta montaña, al sur los valles, palmerales y mares de dunas. Si uno tiene tiempo antes de dirigirse hacia el gran sur, merece la pena adentrarse un poco en la majestuosa cordillera del Alto Atlas, cobijo y refugio de los pueblos nómadas durante las invasiones árabes que tuvieron lugar en el siglo VII. En la actualidad aún se puede observar un modo de vida que en poco ha cambiado durante los últimos siglos. Los profundos y aislados valles siguen siendo un refugio perfecto para mantenerse aislado del mundo exterior, un medio que recuerda a los pueblos anclados en los escarpados del Himalaya. Construcciones hechas en piedra o en barro, majestuosos graneros envidia de la arquitectura de nuestros días, paisajes sacados de un archivo de tarjetas postales, y gentes derrochando hospitalidad desde el primer momento.

Un enlace por la carretera que se dirige a Zagora atravesando las montañas del Saghro, nos muestra el drástico cambio de paisaje con respecto a las montañas del Atlas. Paisaje lunar, pétreo y duro es el que domina esta región del sur antes de llegar a las interminables extensiones saharianas.

Abandonamos la carretera y nos dirigimos por caminos de tierra hacia el cañón por el que discurre el río Draa desde el pantano de Manssour Eddahbi. La roca que le da cobijo desde Ouarzazate pasa el testigo a una auténtica selva de palmeras que forma el palmeral más grande del mundo. Casi 200 kilómetros de palmeras que esconden parte de la historia de los judíos del sur de Marruecos. El camino nos conduce hasta el pueblo de Agdz, un lugar que hasta ahora era sólo un punto de paso y que, sin embargo, oculta un ecosistema que más bien pudiera ser el de una isla tropical y no el de una región desértica. Durante días podríamos movernos sin salir de la sombra de las palmeras, árbol que para la población local constituye su más importante fuente de ingresos. El dátil de esta zona es de los de mejor calidad del mundo y es un bien preciado en todos los países árabes.

El legado histórico del valle del Draa queda reflejado en la arquitectura de tierra que la erosión, el tiempo y el abandono han convertido en casi una ruina. Sin embargo, no es difícil adivinar el esplendor de antaño cuando el paso obligado de las caravanas procedentes del África subsahariana, convirtieron el lugar en una región comercial de primer orden.

Las kasbas, antiguas edificaciones de barro, se levantan como gigantescas fortalezas de entre la exuberante vegetación del palmeral. Sólo la aparición de las torres de las mezquitas, dan la pista de dónde se encuentran unas poblaciones que casi no han cambiado su forma de vida con el
paso de los siglos. Entrar en sus callejuelas supone adentrarse en un mundo de luces y sombras, un laberinto en el que las mujeres, las Draoua, rompen la quietud y el silencio en sus incesantes recorridos diarios. Vestidas con telas negras y decoradas con coloridos bordados rojos, se mueven como fantasmas entre los túneles de barro del interior de los antiguos pueblos.

Es una pena observar como la cultura del cemento poco a poco va desbancando la construcción en tierra o en piedra. Desgraciadamente existe la creencia por parte de la población que la construcción en cemento es signo de bienestar y de mayor estatus social. La realidad es bien diferente, la tierra es un buen aislante térmico mientras que las casas de cemento padecen todas las inclemencias del clima: en invierno son muy frías y en verano el calor las convierten en auténticos hornos. Sólo las inversiones privadas parecen convertirse en única solución para preservar el patrimonio arquitectónico del sur de Marruecos. Como ejemplo de ello, Hara Oasis, un albergue ecológico cercano a Agdz único en Marruecos. Un auténtico paraiso en el que se han construido 14 especies de bungalós parecidos a lo que podrían ser los lodges de Kenia o Tanzania.

Junto a los alojamientos se encuentra el único pueblo judío totalmente abandonado del valle del Draa. Una pequeña joya arquitectónica que espero se pueda recuperar al crear una actividad económica que atraiga nuevamente a los antiguos moradores del pueblo a regresar al Hara.

Los atardeceres desde Hara Oasis son realmente espectaculares y difíciles de encontrar en otro punto del sur de Marruecos. A este reducto, completamente integrado en la naturaleza, sólo se puede llegar a pie después de caminar unos cuatro o cinco minutos a través de la selva de palmeras y por el borde del río.

Bajo las palmeras de Hara Oasis preparamos la siguiente fase de nuestro itinerario que, rumbo sur, nos llevará hasta las dunas del desierto del Sáhara.

La llegada al desierto en las proximidades de Mhamid es un fuerte contraste con el verdor de los últimos kilómetros. La arena, los antiguos poblados y los oasis juegan un papel decisivo a la hora de convertir esta zona en un museo viviente de la cultura caravanera. Afortunadamente, aislados del paso turístico de masas existen pueblos cuya visión es más parecida a un decorado de una película Ritley Scott que a una realidad.

Pasadizos y misteriosas callejuelas confieren al lugar un espíritu de magia como en pocos lugares del Sáhara. Mujeres cubiertas de oscuros velos parecen deambular como espíritus a través de laberintos de luces y sombras. Nuestra imaginación se dispara aquí como en pocos lugares. A la salida de esta penumbra miles de kilómetros parecen invitarnos a seguir rumbo sur al reencuentro de los caminos que durante siglos patearon las caravanas que procedentes de Tombuctú cargaban sal en las minas de Taoudeni, al norte de Mali.

La noche la pasamos en otro alojamiento muy especial. Su nombre es Casa Juan, una antigua casa de barro situada en las proximidades de Ait Isfoul y Nesrate y a la que sólo se puede llegar a pie o en 4×4 ya que hay que superar algunos cordones de dunas para llegar hasta la puerta. La visión desde aquí son las dunas y las palmeras, todo ello aderezado con la presencia de un pueblecito de barro que hasta la fecha ha conseguido permanecer aislado del turismo.

Las dunas son un buen colofón a nuestro viaje al desierto marroquí. Sus formas, volúmenes y juegos de luces y colores, las convierten en un auténtico museo al aire libre. Los mejores momentos, por la mañana y por la tarde, cuando la arena parece vestirse de fiesta mostrando sus increíbles e incluso eróticas formas. Un escenario que no cansa al observador incluso a aquel que vive en él. El viento va modelando, lenta e imperceptiblemente ese universo de granos de arena convirtiéndolo en obra de arte.

Iniciamos nuestro recorrido de vuelta a Ouarzazate para finalizar el periplo visitando los oasis que rumbo a Tazenakht se encuentra diseminados en el interior de cañones y valles. Fint es el ejemplo más conocido. Películas como Asterix y Obelix fueron rodadas en este lugar, aunque los alrededores fueron localizaciones de históricos del cine como Gladiator o La Biblia. Nosotros ya hemos vivido nuestra particular película escrita sobre un guión casi interminable, sólo falta que tú escribas la tuya.

Textos y fotos
Juan Antonio Muñoz
juanmunoz07@hotmail.com
www.juanantoniomunoz.com
www.etnicalphoto.com

COMENTARIOS 0

LEAVE A REPLY

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.