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ERIZO DE MAR, UN BOCADO EXQUISITO

Aunque nadie lo diría por su aspecto exterior lleno de puas, el erizo de mar es un auténtico manjar gastronómico. Estos se recogen en las zonas rocosas cercanas a la costa y su carne anaranjada destaca por su intenso sabor y una intensa esencia marina. Es un producto exquisito por sí mismo, muy delicado, que requiere la máxima frescura y una mínima manipulación para no estropear por completo sus propiedades.

El erizo de mar tiene un alto contenido en proteínas de alta calidad, aportado  por ello muchos de los aminoácidos esenciales, lo que lo hace muy interesante para ser consumido por personas que practique mucho deporte. En cuanto a grasas, su contenido es muy bajo, lo que lo hace indicado para dietas de adelgazamiento. Aporta minerales tales como yodo, hierro, fosforo y potasio. Por tener un alto  aporte de yodo es adecuado para prevenir el hipotiroidismo. Debido a su aporte de hierro ayuda a prevenir anemias y a tratar anemias ferropénicas. Al tener un alto contenido en fósforo y potasio es muy adecuado tanto para las células nerviosas, como para rebajar la tensión arterial. Aporta también vitaminas, destacando en aporte de vitamina A, lo que lo hace indicado para el buen mantenimiento de nuestra piel y de la visión.

Es en las primeras semanas del año cuando los erizos están en su mejor momento del año, ofreciéndonos un delicioso bocado que es puro sabor a mar, intenso pero elegante, fresco y con una textura muy particular.

Son animales con forma de globo más o menos achatado con el cuerpo completamente cubierto de púas, de diferentes grosores y longitudes. Presentan un color entre negro, pardo, púrpura y verdoso, según la especie y la edad, y su tamaño suele rondar los 5-10 cm de diámetro, si bien los hay más grandes.

Están formados por placas calcáreas unidas entre sí formando un caparazón duro sobre el que se que sustentan las púas, que son móviles y en algunos casos venenosas. Habitan en los fondos marinos y zonas rocosas, pudiendo encontrarse a grandes profundidades, lo que dificulta su captura.

La parte comestible del erizo se encuentra en el interior del caparazón. Cada animal presenta distribuidas en forma radial cinco masas glandulares, las gónadas, llamadas yemas. Tienen una forma ligeramente alargada y son de color anaranjado, pudiendo variar desde el rojo más intenso hasta tonalidades más amarillentas.

No deben ser confundidas con las huevas de otras especies marinas. En el caso de los erizos, las gónadas son más semejantes a una lengua, tanto en forma como en su textura irregular. Son muy carnosas, delicadas y cremosas, con un sabor entre yodado y almizclado de gran intensidad, algo dulce.

Las yemas del erizo deben consumirse al momento en el que se abre el animal, cuanto más frescas, mejor, si bien también podemos encontrarlas en conserva. Por su delicadeza, una de las mejores formas de degustarlas es directamente en crudo.

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