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Feria de Pushkar

por admin
22 junio, 2017
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India es de por sí, un abigarrado y sorprendente mundo de olores y colores. Hablar de India equivale a hablar de exotismo y tradición, de misticismo, de religión. Sin embargo, hay ocasiones en que el país o alguno de sus pueblos estallan en una u otra fiesta. Entonces, calles y animales son engalanados, y una...

India es de por sí, un abigarrado y sorprendente mundo de olores y colores. Hablar de India equivale a hablar de exotismo y tradición, de misticismo, de religión. Sin embargo, hay ocasiones en que el país o alguno de sus pueblos estallan en una u otra fiesta. Entonces, calles y animales son engalanados, y una marea humana se pone en movimiento para dirigirse al lugar del festejo: peregrinos, nómadas, hombres santos, mendigos,……, una gigantesca e interminable caravana multicolor que termina colapsando la pequeña localidad de Pushkar.

Durante el mes de noviembre, el mes del “Kartik” para los hindúes, cuando la luna llena ilumina el pequeño pueblo de Pushkar, llega a su apogeo la fiesta conocida como la Mela de Pushkar, una de las más destacadas de Oriente, que conjuga lo comercial con lo místico. Efectivamente, a la famosa feria ganadera se une el culto a Bramha, en el templo más importante dedicado a este dios en India.

Según la tradición hindú, a la que hay que remitirse constantemente para comprender casi cada detalle de la vida india, Pushkar nació así: estaba Brahma preocupado por no tener un lugar dedicado a Él en la Tierra, tal como lo tenían los otros dioses. Con este pensamiento en su mente tiró un loto sobre la Tierra. La flor cayó en tres lugares y el agua brotó de los tres. Entonces, según los Vedas, Brahma bajó y bautizó el lugar como Pushkar (Pushpa, flor y kar, mano). El lugar donde la flor cayó primero recibe el nombre de Jestha Pushkar; el segundo, Madhaya Pushkar; y el tercero, Kanistha Pushkar.

Este es el origen de Pushkar, uno de los lugares más sagrados para los hindúes. Ningún personaje está completo hasta que el peregrino se ha bañado en las aguas sagradas del lago. Si las abluciones en los últimos días del mes del kartik (noviembre), se recibe, además, una santificación especial.

La ciudad está situada en el estado de Rajastán, voz sánscrita que significa país de los príncipes. Situado en la porción noroeste de la península indostánica, es uno de los estados más densamente poblados de India: 24.900.000 habitantes. Su capital, Jaipur, es famosa por la belleza de sus monumentos rosados, cuya arquitectura no tiene comparación con ninguna otra que se haya concebido en India.

Coincidiendo con la configuración astronómica de la luna llena de noviembre, Pushkar recibe a los numerosos fieles que acuden al lago a fin de cumplir con la prescripción religiosa. Además, se celebra la feria más importante de Asia. Un encuentro tradicional donde se reúnen familias, se realizan alianzas de clanes y se come en abundancia.

En Pushkar existen más de 400 templos y durante la última feria llegaron alrededor de 350.000 personas de todos los rincones del Rajastán y más de 25.000 camellos. Días antes de la celebración llegaron caravanas de camellos, vacas, toros y caballos. Las colinas desérticas de las afueras, que reciben el nombre de Mela, se han convertido en un inmenso campamento.

Cada día, muy temprano, miles de peregrinos se dirigen al lago sagrado para lavar sus impurezas en el baño ritual, pidiendo a Brahma suerte y templanza para el año venidero. En los alrededores del templo, “sadhus” y santones rezan, meditan e imparten enseñanzas. Miles de personas en los tejados rezan, miran, saludan al nuevo día.

Como en cualquier acontecimiento de fiesta y mercado se dan además todo tipo de atracciones de feria, juegos de azar, magos, futurólogos, prestidigitadores, músicos, bailarines, norias. Un caleidoscopio de espectáculo y atracción en el que no faltan buhoneros, vendedores ambulantes, charlatanes, embaucadores. Por todas partes se suceden los tenderetes: aquí un barbero en una improvisada barbería compuesta de un pequeño espejo y una silla; allí, un zapatero en cuclillas sobre el suelo, con sus herramientas sobre una pequeña manta; más allá, un dentista exhibe varias dentaduras postizas junto con su instrumental. A su lado, diversos pabellones del Gobierno indio en los que el personal trata de convencer a la población de la importancia de las vacunas, de la necesidad de prevenir enfermedades, de evitar epidemias entre la población y el ganado, de los modernos sistemas de irrigación o del control de la natalidad.

Lo más llamativo, sin duda, son los puestos de betel, producto muy popular entre los adultos. Las hojas de betel son envoltorios de diferentes especias. Su semilla, triturada con tabaco y una pizca de cal y yeso, es uno de los estimulantes más utilizados en toda Asia.

En estos días, los rajastaníes de los pueblos más alejados del desierto aprovechan para adquirir todos los enseres que habrán de utilizar durante el invierno: mantas, chales, de lana, turbantes y tejidos, herramientas y aparatos para el ganado, cuerdas y cueros. También son numerosos los puestos de baratijas para las mujeres, como brazaletes de cristal, aros para los tobillos con pequeños cascabeles, cuyo sonido al andar se supone aleja del camino a las serpientes, narigueras que son tan pesadas que a veces llevan una cadenita para sujetarlas a las orejas, seda, pendientes,…….

Durante la fiesta el trasiego de gente es constante: Por el desfiladero de TarNahar suben autobuses abarrotados de gente, motocicletas, carromatos, peregrinos a pie….La policía impide el paso a los vehículos en la ciudad y tratan de organizar la marea humana estableciendo una sola dirección en la calle central, intentando que se pueda circular.

Los días van transcurriendo en la Mela. El último es el de las competiciones, cuando se dan cita los finalistas. Los camellistas compiten en habilidad en el galope del camello, mientras otros lo hacen en el del caballo. Alrededor del estadio se congregan miles de turbantes para asistir a la ceremonia de clausura, que dura más de seis horas e incluye bailes, carreras de mulas, caballos y camellos, pruebas de habilidad e incluso un concurso en el que un sufrido camello trata de levantar a más de 15 personas subidas sobre su joroba.

El último día de la feria, en el instante que confluyen la luna llena y el sol, se hace la ablución final. En la religión hindú, este hecho equivale a la integración del hombre con el cosmos.

Para el código de ritos hindúes, la inserción en agua simboliza disolución, la entrada al mundo indiferenciado de preexistencia, es decir, un nuevo nacimiento. La salida del agua implica regeneración. El baño sagrado significa disolución, pero presupone el aumento de la potencia creadora de la vida.

Se acaba la fiesta. Con la misma rapidez con la que se ha instalado, los nómadas recogen sus pertenencias, sus tiendas, cargan sus camellos y carros y se marchan. Comienza el nuevo éxodo masivo y Pushkar se queda vacía y exhausta: la Mela ha terminado.

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