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HIMBA, el espíritu de África

por admin
28 marzo, 2019
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HIMBAS, EL ESPÍRITU DE ÁFRICA Durante las últimas horas no hemos superado la media de los 5 kilómetros hora. Nos encontramos en la región del  Kunene  al noroeste de Namibia, territorio de los Himba. Un terreno pedregoso de montaña que dificulta nuestro avance. El mapa indica la presencia de un pequeño poblado, sin embargo, no...

HIMBAS, EL ESPÍRITU DE ÁFRICA

Durante las últimas horas no hemos superado la media de los 5 kilómetros hora. Nos encontramos en la región del  Kunene  al noroeste de Namibia, territorio de los Himba. Un terreno pedregoso de montaña que dificulta nuestro avance. El mapa indica la presencia de un pequeño poblado, sin embargo, no vemos nada más que una vegetación arbustiva que oculta todo.

De repente, de entre los árboles, aparece la silueta de una pequeña cabaña. Por fin hemos encontrado la aldea. Descendemos del vehículo y al momento somos invadidos por una legión de pequeñas moscas que no dejan de revolotear alrededor de nuestras cabezas. La temperatura, cercana a los 40 grados, confiere a la llegada al poblado la sensación de encontrarnos en un mundo casi irreal. Conforme nos adentramos en el interior del conjunto de chozas delimitado por una cerca de maderas, entendemos el porqué de la ausencia de vida. Chozas vacías, resto de hogueras y pieles acartonadas colgadas de los arbustos de espinas. Me acerco a una cabaña que tiene la puerta abierta. La curiosidad me impulsa hacia el interior. Y, de repente, me asalta la visión de dos enormes ojos, como dos perlas en medio de un saco de carbón. Acabo de sacar a un anciano de sus sueños, por lo que duda si mi presencia es también parte de su estado de somnolencia.

Conforme descubre que no es un sueño y de que allí dentro hay un personaje blanco armado con una cámara de fotos, se incorpora y tantea las paredes que le sirven de vivienda. Su aparente ceguera no le impide alcanzar los únicos bienes de los que dispone su choza, dos machetes, una lanza y un bastón. Su furia le lanza al exterior dispuesto a defenderse del invasor. Viendo la situación, opto por la retirada. No dejo de ser un intruso en un terreno que no me pertenece. No deseo violar ni un minuto más la poca intimidad de la que disponen. No quiero sentirme como un colonizador avasallando la privacidad y modo de vida que a la mayoría de ellos les ha sido arrebatada. Después de unos rápidos disparos de cámara, salgo de un recinto que ha conseguido transportarme a los días de Livingstone y Stanley. Unas imágenes que me confirman que aún hay pueblos ajenos al mundo en el que vivimos. Los Himba alejados del paso habitual de otros viajeros, son una prueba viviente de esa África anclada en el pasado.

Los Himba, cuya población se estima en unos 50.000 habitantes, se reparten por el noroeste de Namibia y sur de Angola. Su peculiaridad que les difiere de la etnia Herero con la que comparten del territorio, es la manera de vestir y de teñirse el cuerpo con una mezcla de tierra rojiza y mantequilla casera. Su lengua, el Otijihimba es una variedad del Herero, perteneciente a la familia de las tribus bantús del Congo.

Llegamos a una aldea que había encontrado hace unos meses mientras exploraba la región montañosa fronteriza con Angola. Debido a su aislamiento, es el lugar perfecto para realizar el primer encuentro con esta tribu.

La luz del atardecer se tamiza entre los árboles que protegen al poblado. Los hombres y los niños se dirigen hacia el interior de la empalizada que sirve de muro delimitando la zona de hábitat. Es el momento de guardar los animales y encontrarse con las mujeres del poblado que llevan todo el día encargadas de los trabajos caseros.

El peinado y la manera de llevar puestos los abalorios de decoración, indican el estatus social dentro de la comunidad y la edad del individuo. Las chicas jóvenes se peinan el cabello trenzándolo hasta conseguir formar dos especies de cuernos que le caen por delante del rostro a la altura de los ojos.

Cuando son mayores el peinado es más elaborado, formando varias coletas. Cuando se casan y tienen hijos, las coletas están embadurnadas de la pasta roja y decoradas con bolas del mismo material en las raíces del pelo. A final de cada coleta hay colgando una especie de plumero de cabello que se peinan continuamente a lo largo del día. Los niños varones cuando son pequeños llevan la cabeza rapada con una línea de mechón de pelo, y ya en la pubertad se hacen un peinado que asemeja un cuerno de rinoceronte mirando hacia atrás.

Los Himba son polígamos, por lo que un hombre puede casarse con más de una mujer. El niño pasa a ser adulto en el momento que se casa, mientras que las niñas no pasan a ser mujeres hasta que no han tenido el primer hijo con un marido previamente concertado por los padres.

Las mujeres tienen una gran similitud a la hora de protegerse la piel con pasta rojiza y de vestirse con pieles, a la tribu Hamer del sur de Etiopía, aun estando a miles de kilómetros de distancia.

La falta de agua obliga a profundizar en el terreno para encontrar algo de líquido para sofocar la sed de los animales.

La pasta rojiza con la que se embadurnan el cuerpo les sirve para limpiar la piel sin utilizar el escaso agua de la que disponen, y para protegerse contra los mosquitos, la sequedad y los rayos del sol. En ocasiones, esa pasta de tierra se mezcla con plantas y resinas aromáticas, produciendo de ese modo una especie de cosmético natural que sirve también para embellecer el cuerpo.

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