15 49.0138 8.38624 arrow 1 both 1 4000 1 fade http://www.kemagazinesotogrande.com 300 true 4000
Contacto: Tlf. 655 925 733 / direccion@kemagazinesotogrande.com

HOLI, la batalla del color

por admin
14 diciembre, 2017
491 Vistas
Tenía muy claro que en algún momento yo formaría parte de aquellas imágenes, casi irreales, que había visto en una publicación de un fotógrafo japonés. Las escenas, que parecían sacadas de un cuadro de El Bosco, me impulsaron a viajar a India durante la celebración del Holi con el fin de encontrar ese lugar. Y...

Tenía muy claro que en algún momento yo formaría parte de aquellas imágenes, casi irreales, que había visto en una publicación de un fotógrafo japonés.

Las escenas, que parecían sacadas de un cuadro de El Bosco, me impulsaron a viajar a India durante la celebración del Holi con el fin de encontrar ese lugar. Y digo encontrar, porque el fotógrafo en ningún momento escribió en qué lugar habían sido tomadas. El Holi es una fiesta que se celebra cada año en toda la India en la que el color alcanza su máxima expresión. Por eso y sin dudarlo, saqué un billete de avión, cogí la bolsa de mi cámara de fotos y me embarque en la aventura de seguir las huellas de mi “amigo” japonés.

La llegada a Delhi al amanecer es una buena inmersión en la cultura y vida de la población de este continente. Personajes envueltos en mantas, pertenecientes a las castas más inferiores, deambulan a la espera de que sus dioses les protejan un día más de una vida que en nuestra sociedad llevaría a más de uno al suicidio. Se mueven arrastrando bicicletas de tres ruedas adaptadas para llevar a clientes o, los más afortunados sobre Rikshaws, carromato a motor que rueda por las calles y carreteras de todo el continente.

Frío y olores difíciles de describir, inundan la atmósfera. Ahora, sólo hay que adaptarse a lo que reciben los sentidos. Por eso, muchos de los que llegan a esta ciudad, viendo la incapacidad de integrarse en este mundo, cambian los billetes de avión para regresar a sus orígenes. Otros, prefieren meterse en bolas de cristal y rodearse de los lujos que también se pueden vivir en la India. En mi caso, me sumerjo en la vorágine de la estación de New Delhi Railway Station para dirigirme hacia la ciudad de Mathura, a no mucha distancia de Agra y su famoso Taj Mahal.

Mathura es un paseo por el tiempo y la historia. La decadencia de la arquitectura en piedra de la parte antigua de la ciudad me enamora hasta el punto de haberme obligado a regresar a sus calles tres veces en los últimos años. Bañada por las aguas sagradas del Ganges, Mathura es una buena base para descubrir la esencia del Holi.

Básicamente, la fiesta del Holi representa la victoria de lo bueno y los Dioses sobre el diablo, el fin del invierno y la llegada de la primavera y las primeras cosechas. Un buen momento para el juego y las risas, para restaurar relaciones rotas y para entablar nuevas amistades. Una manera de cargarse de buena energía y esperanzas positivas.

La primera noche nada más llegar a la parte antigua de la ciudad me encontré con fuegos en casi todas las calles, una especie de “Fallas de Mathura” que representa la incineración de los demonios conocidos como Holika. Es una manera en la religión hindú de dar las gracias a Lord Vishnu.

El Holi adquirió el nombre del “Festival de los Colores” de Lord Krishna, una reencarnación de Lord Vishnu, al cual le gustaba jugar en su pueblo con las chicas a las que rociaba con líquidos y polvos de colores.

Aunque el Holi se celebra en toda la India, y últimamente en otros países del mundo, hay unos lugares y templos en los que esta celebración adquiere tintes absolutamente impresionantes. Pero lo difícil no es saber en qué fecha o día se celebra en uno u otro lugar, sino precisamente en qué templo. Por eso, mi afán de saber en qué sitios había tomado esas fotos el fotógrafo japonés. Hasta el segundo año de mi presencia en el Holi no pude descubrir ese templo perdido en medio de un pequeño pueblo que en otro momento del año hubiese pasado completamente desapercibido.

Por fin estaba dentro. Conseguí ascender hasta la parte superior del recinto, un buen lugar para protegerme de lo que se avecinaba, al tiempo de tener una vista de pájaro sobre casi todo el espacio del templo.

El patio se iba llenando de gente que cantaba y bailaba mientras desde la parte de arriba empezaban a derramarse litros y litros de agua mezclada con polvos de colores. Abajo, los hombres llenaban cubos de líquido de color para poder derramarlos sobre las mujeres a las que sin embargo no podían tocar. Ellas, por el contrario, rasgaban la ropa de ellos para posteriormente poder pegarles con las tiras de tela. Puede que ésta sea la única oportunidad que tendrán de resarcirse contra el trato de los hombres.

En Barsana, hay un día de Holi que igualmente es una fiesta para las mujeres de Nangaun, una localidad cercana de Barsana. Durante esa jornada las mujeres se dirigen hacia el pueblo vecino armadas de palos con los que pegar a los hombres. Éstos, esperan en Barsana provistos de escudos de fibra con los que protegerse de la invasión de las féminas de Nangaun.

En cualquier caso, asistir al Holi supone la aceptación de que más tarde o más temprano, terminaremos sucios y coloridos. Nos convertiremos en una especie de caleidoscopio con patas deambulando entre las callejuelas y procurando escapar del ataque de los guerrilleros del color. Algunas pinturas se limpian fácilmente. Sin embargo, últimamente se utilizan productos químicos que, además de no quitarse durante días, suponen un cierto riesgo para la piel y los ojos. Algunas personas se impregnan la piel con aceite de coco para evitar que ésta absorba los tintes artificiales.

Mi única obsesión durante los días de Holi es mantener a salvo la cámara de fotos, cosa que no siempre es fácil. Lo que para la mayoría representa días de alegría y de compartir buenos momentos con los amigos y familiares, para otros la fiesta es una buena excusa para actuar como auténticos terroristas armados de pintura. Las chicas son las que se llevan la peor tarde por el acoso al que muchas de ellas son sometidas en medio del fragor y éxtasis colectivo.

Recuerdo como en mi primera asistencia al Holi terminé con toda la cara pintada de verde. Por suerte eso ocurrió durante los primeros días ya que fue imposible poder limpiar la piel del color. No sé de qué estaba compuesta esa pintura, lo que tampoco sé es cómo hubiera hecho si hubiese tenido que volar y regresar a España con esas guisas.

El Holi y la fiesta han terminado. La gente ya piensa en el próximo año mientras se afanan en limpiar los restos de la batalla acaecida durante varios días. Vivir el Holi es sentir una de las tradiciones religiosas más antiguas de la India, y sobre todo, una manera de
integrarse en la tradición y sentimientos de un pueblo que siempre busca algún pretexto para evadirse de la realidad de la vida que a la mayoría les ha tocado vivir.

COMENTARIOS 0

LEAVE A REPLY

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.