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Roberto Verino

por admin
24 junio, 2016
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Se siente afortunado y feliz con su profesión después de tres décadas de experiencia. Roberto Verino saborea sentirse en la mejor etapa de su carrera. Uno  de los diseñadores españoles con más reconocimiento mundial es responsable de un equipo de más de cuatrocientos profesionales a los que no quiere fallar. En esta entrevista habla para...

Se siente afortunado y feliz con su profesión después de tres décadas de experiencia. Roberto Verino saborea sentirse en la mejor etapa de su carrera. Uno  de los diseñadores españoles con más reconocimiento mundial es responsable de un equipo de más de cuatrocientos profesionales a los que no quiere fallar. En esta entrevista habla para KE Magazine Sotogrande sobre los pilares de su estilo, su visión de la moda y del resultado de su maestría.

 ¿En qué etapa profesional se encuentra actualmente?
Quizás en la mejor de todas. Me apasiona mi trabajo, lo cual, tras treinta años de dedicarme en cuerpo y alma a él, no deja de ser un síntoma. Nunca he tenido dudas sobre el camino profesional que elegí, pero justo ahora, y quizás paradójicamente por las dificultades, es cuando más feliz me hace mi trabajo. Soy responsable de un equipo de más de cuatrocientos profesionales, en un proyecto que consiste en hacer feliz a un montón de personas que encuentran esa felicidad en las pequeñas cosas que hacemos. Nunca como ahora he sentido la necesidad de no fallarles, de no defraudarles, de no dejarles indiferentes.

Uno de los temas más comentados en los últimos meses ha sido su retirada de la MBFWM. ¿Era imprescindible este cambio de estrategia? ¿En qué consiste?
Ha sido una decisión provisional. Me he tomado ese año sabático para reflexionar sobre los cambios que se están produciendo en nuestro sector. Las pasarelas son un instrumento pensado para llamar la atención de la prensa especializada y de los compradores. Pero en un mundo dominado por la inmediatez y por la importancia de las redes sociales y del e-commerce; muchos de los recursos creativos y económicos han sido sobrepasados por la necesidad imperiosa de cuidar a nuestro consumidor sin intermediarios muy cuestionados.

 ‘Un balcón al mar’ es su propuesta para la primavera-verano 2016. ¿Cómo es el imaginario de esta colección?
Bueno, como su nombre indica la colección está inspirada en uno de los temas clásicos del verano, por no decir en el más clásico de todos. El mar visto desde un yate, desde una isla paradisiaca, incluso desde un balcón de esas innumerables ciudades que todos tenemos en mente. El mar desde un balcón puede ser Matisse, Picasso, Monet y todas esas metáforas de un paraíso cotidiano, al alcance por unos días de todo el mundo. Una especie de lujo muy democrático. El mar es el verano en estado perfecto.

¿Diría que la diversificación es clave para mantenerse y potenciar la presencia en el mercado?
Es una verdad que descubrimos en el largo camino recorrido. Si te especializas demasiado, corres el riesgo de desaparecer en cuanto cambia el paradigma. Solo una mínima diversificación te permite aprovechar los cambios imparables de nuestro mundo. Para una marca de moda es muy difícil hacer solo chaquetas… A veces los bolsos o el perfume pueden ser tu salvación.

 ¿Cuáles son las señas de identidad de la marca Roberto Verino?
Nos gusta identificarnos con mujeres y hombres que les gusta la moda, pero que nunca perderían la cabeza por ella. Amantes de la moda, no fashion victims. Personas que tienen su mundo y que se visten para disfrutarlo, no al contrario, profesionales, urbanos, jóvenes, cultos… Entendiendo todas estas palabras de una manera generosa, es decir, como personas que aspiran a ser así, que se identifican con esos valores que tienen por mitos a personas que representan ese estado.

 ¿A qué respondía en su día la decisión de internacionalizar sus creaciones? ¿Cómo definiría el proceso?
Creímos con los ojos cerrados que la única manera de alcanzar el punto de masa crítica ideal para nuestra marca era crecer internacionalmente. Seguramente ese seguirá siendo el modelo oficial, pero cada vez tengo más dudas de que sea el único modelo. Ahora no estoy tan seguro de querer ser grande a toda costa, prefiero ser mejor que más grande.

 ¿De qué manera ha marcado la crisis y cómo ve los años venideros?
Nos hizo poner los pies en el suelo. Estábamos demasiado acostumbrados a que las predicciones más optimistas siempre se cumpliesen. De pronto nos enfrentamos a un escenario para el que no estábamos preparados, así que la primera consigna fue sobrevivir. Ahora, a punto de salir del largo túnel, tengo varias cosas muy claras, una de ellas es la de mimar a tu cliente, un objetivo que comienza con acercarte a él, escucharlo sin intermediarios, satisfacerlo “en  tiempo real”.

Su presencia en el sector vitivinícola hace realidad un proyecto familiar. ¿Cómo viene siendo su experiencia? ¿Existen similitudes entre vino y moda?
El vino es un proyecto tan personal como el de la moda y, sin ninguna duda, con menos derivadas familiares que aquella. Un capricho que terminó convirtiéndose en un negocio pequeño pero muy serio, con una disciplina tan precisa como la del mundo de la moda. En ambos, como decía mi desaparecido amigo Jesús del Pozo, antes de que llegue la palabra éxito hay que emplear muchas veces la palabra trabajo. Los dos te producen enormes satisfacciones, físicas y espirituales, pero los dos son muy exigentes, no sirve de nada muchos años seguidos de éxito si una vez metes la pata. En ambos eres lo que fue tu última temporada.

 ¿Cómo mantiene el entusiasmo el creador, inmerso en el mundo empresarial?
Confieso, también muy sinceramente, que porque no me queda más remedio. Me encantaría ser un diseñador en manos de un extraordinario empresario de moda, pero como esto no fue posible, necesité hacerme cargo de mí mismo. Después de muchos años de “amable esquizofrenia” ya me he acostumbrado. Ahora sé que el empresario Roberto Verino necesita el entusiasmo del diseñador Roberto Verino y viceversa. Aunque parezca mentira, ahora el más entusiasta del proyecto es el financiero.

Haciendo una reflexión interna, ¿qué podría decir que le ha enseñado el estar tantos años en el sector?
El inapreciable valor de la palabra humildad. No es falsa modestia, es la revelación íntima de una convicción. Tanto en la moda como en el vino es verdad aquello que Sócrates sentenciaba para la Filosofía “solo sé que no sé nada”, o lo que es lo mismo, cuánto más sabes de moda y cuánto más sabes de vino, más evidente te resulta lo que no sabes de ellos…

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