Jesús Moraime, el jardín como cultura del paisaje
El paisajista, historiador, fotógrafo y emprendedor Jesús Moraime convierte cada proyecto —desde un jardín histórico hasta un edificio en Lisboa— en un diálogo entre arte, historia y paisaje.
Ante todo, jardinero. Así se define Jesús Moraime, aunque su perfil trascienda con mucho ese título. Dejó biológicas para formarse en paisajismo en la Escuela Castillo de Batres, apasionado del arte hispano-islámico y emprendedor. Y como él nos cuenta “iba para ornitólogo”. Moraime representa una forma de entender el jardín como reflexión cultural: un espacio donde se cruzan la arquitectura, la historia y la naturaleza. Quizás por eso sus proyectos tienen carácter.
Nos recibe en su casa de Madrid, donde cada rincón contiene una historia. Habla con calma, con la claridad de quien ha convertido su oficio en una forma de pensamiento. Rechaza las tendencias pasajeras —“los jardines son el espejo de las inquietudes de cada época”, dice— y reivindica un paisajismo consecuente, vinculado a lo local y lo sostenible.
“Si quieres ser feliz, hazte jardinero”
Jardinero o paisajista
Me gusta definirme como jardinero porque al margen de hacer muchas horas en el ordenador y dibujar proyectos, lo que de verdad me gusta es meterme en el jardín y estar con las plantas. El contacto con el mundo verde es muy sanador y da mucha energía. Como dice el proverbio chino “si quieres ser feliz, hazte jardinero”.
Tus proyectos mezclan historia, arte y naturaleza. ¿Dónde empieza todo?
Desde muy joven me fascinó la arquitectura y el arte hispano-islámico. Colecciono piezas arqueológicas y siempre he sentido esa conexión entre arte y naturaleza. Empecé estudiando biológicas, pero por casualidades de la vida, mi familia me encargó un jardín en Extremadura, salió bien, y comprendí que era el lugar donde se unían mis dos pasiones: el arte y naturaleza. Y luego además me interesa muchísimo la historia del jardín, mi trabajo es revisitar nuestra historia y reactualizar las invariantes del jardín español y traerlo a la contemporaneidad.
Hablas de la coherencia entre arquitectura y jardín como algo esencial.
Sí, el diálogo entre arquitectura y paisajismo es clave. El jardín no puede ser un añadido. Nace de la arquitectura y la complementa. Es el reflejo exterior de lo que ocurre dentro. En mis proyectos siempre busco esa coherencia: que la casa y el jardín respiren el mismo tiempo, la misma historia.
En Sotogrande, el jardín tiene un protagonismo clave
De hecho, el caso de Sotogrande en este sentido es muy singular. Aquí el jardín está completamente integrado en el lugar, además tiene una vegetación espontánea brutal, con una riqueza paisajística y botánica increíble. En Estados Unidos tienen tan en cuenta al paisajista como al arquitecto al abordar los proyectos, y eso se nota en Sotogrande.
Tienes también varios proyectos de alojamiento muy atravesados por el jardín
En la Vera, en Extremadura, tengo las Casas del Naval, que están totalmente integradas en el entorno, que es un paisaje idílico. En Lisboa está Baixa House, un edificio del siglo XVIII que rehabilité, y que cuenta la historia de los jardines de la ciudad. Aquí además hice un trabajo fotográfico para decorar cada uno de los apartamentos. En Oporto también rehabilité cuatro edificios en el barrio de Massarelos, todos articulados en torno a un patio jardín. Todos mis proyectos están hechos desde el alma, tienen carácter y huyen de la homogeneización y de las tendencias. En definitiva, cada uno de mis proyectos intenta contar una historia.
¿Cómo debe ser hoy un jardín contemporáneo?
Debe ser consecuente con su tiempo. El jardín siempre ha sido un espejo de las inquietudes de cada época. Versalles, por ejemplo, es el reflejo del poder absoluto y hoy nuestro tiempo está marcado por el agotamiento de los recursos naturales, por eso la tendencia es volver a lo local, lo autóctono, a los jardines sin riegos, sin pesticidas. No se trata de renunciar a la belleza, sino entenderla desde la sostenibilidad y el sentido común.
¿Y hacia dónde va el paisajismo español?
Está viviendo un momento muy interesante. Falta que sepamos contarlo mejor, pero hay una nueva generación de profesionales con una sensibilidad enorme, que entienden que el jardín no es un lujo, sino una cultura del paisaje.


