A Cielo Abierto: el espacio de la artista Laura de Lorenzo que une arte y creación
En pleno Rastro madrileño, la artista y ceramista Laura de Lorenzo ha transformado una antigua panadería en un espacio único. A Cielo Abierto es su estudio, galería y un punto encuentro de eventos culturales y corporativos.
Nos adentramos en una pequeña calle, entre La Latina y Lavapiés, para conocer la obra cerámica de Laura de Lorenzo, bajo su sello CresPottery. Al cruzar la puerta del estudio, A Cielo Abierto, no podíamos asimilar lo que estábamos viendo: un espacio industrial, con aires de taller antiguo y estética contemporánea, amplio y luminoso. Y era inevitable centrarnos primero en este refugio versátil donde la artista trabaja e investiga.
Conversando con ella lo comprendimos todo. Una mujer enérgica, apasionada, creativa y con carácter que convirtió esta antigua panadería en un local que conserva el aire industrial del barrio, transformándolo en su taller creación. Estuvo reformándolo durante tres años, “literalmente abrí el techo para que entrara la luz del cielo”, explica. De ahí surgió el nombre. “Quería que el espacio respirase, eliminar barreras, estimular los sentidos, que la gente entrara y conectara con su lado más íntimo, con lo que está vivo.” Un espacio que, sin duda, invita a entrar, mirar, conversar y hasta meter las manos en el barro.
Más de 400m2 con zonas independientes diseñadas para albergar su taller y exposiciones, un lugar ideal para grandes formatos. Se organizan eventos culturales y corporativos, presentaciones o rodajes. “Me interesa que el espacio esté vivo, que pasen cosas, que venga gente que quizás no tiene nada que ver con la cerámica, pero quiere experimentar y recibir estímulos creativos.”
Un mapa de emociones, el hilo conductor de su trabajo.
CresPottery es la obra y A Cielo Abierto es el lugar donde ocurre. Cada pieza que Laura crea y trabaja está conectada con un lugar. Recoge tierras salvajes de distintos sitios —el Etna, Marruecos, Tarifa— que después mezcla y clasifica en su taller. “Me gusta pensar que cada tierra que recojo representa un fragmento de tiempo y lugar, en el que encapsulo una emoción que contiene memoria.” Con ellas crea sus propios esmaltes y paletas, que varían según la temperatura o la composición. También experimenta con otros materiales como el metal o el vidrio, creando piezas híbridas que trascienden los límites de la cerámica.
Laura reconoce que su relación con el barro es tan visceral como técnica. “Trabajo desde la emoción, que a menudo me lleva al error y ahí suelo encontrar belleza. Cuando me permito fluir afloran ideas, formas y texturas.” Quizás por eso sus piezas son únicas, porque combinan técnica, azar y experimentación.
Hoy, Laura de Lorenzo se ha consolidado como una de las nuevas voces de la cerámica madrileña. Su obra combina oficio y sensibilidad, y su espacio, A Cielo Abierto, se ha convertido en un refugio urbano donde la materia se transforma en expresión. En definitiva, Laura combina su pasión por el arte y su visión empresarial en un solo espacio.

