Jacob Vilató: una obra hecha de contrastes

Nada en Jacob es lineal. Ni su formación, ni su carácter, ni su obra. En él conviven la herencia artística, la mirada arquitectónica, la timidez, la intensidad y una socia que lo empuja al mundo. De esa mezcla nace una pintura visceral y honesta.

Jacob Vilató ha crecido entre dos mundos: el arte y la ciencia. Su familia reúne pintores y médicos, y esa dualidad, lo intuitivo y lo racional, ha marcado su forma de crear. Aunque estudió arquitectura, nunca terminó de sentirse de ese gremio. Lo que sí le dejó fue un método: mirar con intensidad, asumir que las ideas mutan, aceptar el error como territorio fértil y entender la creación como un proceso lento.

En su obra busca lo contrario: lo inmediato, lo primitivo, lo honesto. “Intento quitar capas, evitar artificios”, explica. Por eso sus figuras aparecen sin fondos, sin narración. Es una búsqueda de lo real desde lo más básico.

Su trayectoria también nace del contraste. Aunque su sangre lo vincula inevitablemente con una tradición artística de enorme peso, es sobrino nieto de Picasso, Jacob no se define por ello. Al contrario: dice que la mayor ventaja es haber podido vivir el arte sin reverencias, sin autoridad, sin barreras intelectuales. Ver la pintura como algo cercano, cotidiano y humano.

La relación con su socia Itzel también es puro contraste. Ella fue quien le empujó a mostrar su pintura que él prefería ocultar. Una obra que está en distintos países a día de hoy. Un tándem que ha permitido que una obra tan personal encuentre su sitio en el mercado.   Y la química entre ellos se hizo evidente durante la entrevista. Pasada la primera capa de timidez, aparece un Jacob rápido, entusiasta y con un humor inesperado.  Un artista honesto que conecta con lo que siente. Y quizás por eso ha captado tan bien el espíritu de Sotogrande para crear la obra exclusiva que protagoniza nuestra portada.

ENTREVISTA

Naciste en una familia ligada al arte y la medicina, pero estudiaste arquitectura. ¿Cómo conviven esas influencias en tu obra?
Creo que la arquitectura es el punto intermedio entre la lógica científica y el lado intuitivo y misterioso de confiar en uno mismo, que es la pintura. La arquitectura me ha enseñado a mirar con intensidad, a aceptar que las ideas cambian y a convivir con la frustración. Puedo parecer caótico o anárquico, pero por dentro tengo muy clara las estructuras.

¿Cómo diste el salto a la pintura?
Siempre estuve más cerca del arte que de la arquitectura. En mi familia se respiraba, se hablaba mucho de arte y también de huesos y sangre (risas). Nuestro tiempo libre lo aprovechábamos para ir a museos y además dibujar fue mi refugio desde adolescente. Así que pasar a pintar fue lo natural.

¿Cómo definirías tu obra?
Creo es bastante directa, no quiero construir historias ni capas de artificio. Soy tímido, me cuesta comunicarme con la gente y la pintura me permite quitar capas, por eso en mi obra no hay fondos, no hay ropa, no hay contexto: busco lo primitivo para llegar a lo real. Mi trazo es fuerte, cercano al expresionismo, pero con juegos de delicadeza que se mezcla con esa rudeza.

Has comentado que eres tímido, pero las performances son una parte importante en tu obra. ¿Cómo encaja eso?
El personaje me da licencia. En un cara a cara puedo conectar mucho, pero las masas me bloquean. En las performances soy anónimo y protagonista a la vez, y eso me permite acercarme a la gente de otra forma.

México aparece con fuerza en tu discurso. ¿Qué representa?
México me ha abierto las puertas de una manera espectacular. Es un país que es pura contradicción y por eso me atrae. Amor y violencia, tradición y caos, dulzura y brutalidad. Esa energía visceral me alimenta. México está lleno de oportunidades, amo sus contrastes y creo que me siento un poco mexicano ya.

¿Y qué hay de tu apellido? ¿Condiciona?
La mayor ventaja de haber estado tan expuesto al arte ha sido sin duda poder vivirlo sin barreras. Poder quitarle autoridad y verlo de cerca, sin pedestal es un privilegio. La comparación existe, claro, pero lo importante es entender que los artistas son personas que evolucionan, fallan y buscan.

Su socia Itzel nos interrumpe y añade que “a todo el mundo se le puede permitir tener influencia de Picasso, menos a él. Se espera que se aleje de lo picassiano, aún cuando lo ha vivido desde niño”.

¿Cómo ha sido crear esta portada?

Ha sido todo un viaje a través de la lectura y de las imágenes. Comencé dibujando con el recuerdo de los posters de los años 60, aparecieron también las palmeras y el campo de golf y lo he ido cambiando de manera orgánica al ir avanzando. Después de este viaje imaginario tengo muchas ganas de ir a conocer Sotogrande de verdad.

DESTACADO: Crear esta obra que plasma Sotogrande y su luz ha sido un viaje increíble. Me ha fascinado esa idea de familia, naturaleza, deporte y exclusividad.

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