Malú, la fuerza de ser vulnerable

Con apenas 15 años y de la mano del mismísimo Alejandro Sanz, se convirtió en la voz de toda una generación. Detrás quedaban un apellido que es historia viva de nuestra música —sobrina de Paco de Lucía e hija de Pepe de Lucía— y una timidez que arrastró durante años construyendo un personaje para sobrevivir a la vorágine del éxito.

Hoy, con 28 años de impecable trayectoria a sus espaldas, dos nominaciones a los Grammy Latinos y 15 discos que forman la banda sonora de nuestras vidas, la artista madrileña regresa con ‘Quince’, su proyecto más introspectivo y luminoso. Pero no esperen la intensidad dramática de antaño. La Malú que se sienta hoy con nosotras llega sin armaduras, con el centro de gravedad recolocado por la maternidad y una paz mental que solo dan el tiempo y el aprendizaje de saber poner límites. Hablamos con una estrella internacional que, por fin, se permite ser vulnerable para recordarnos que cuidarse es, en realidad, la mayor forma de fuerza.

1. Quince parece un disco muy ligado a la verdad y a la idea de quitarse capas. ¿Qué Malú aparece aquí que quizás antes estaba más protegida?

Aparece una Malú más libre. No sé si más valiente, porque también hay mucha valentía en sobrevivir cuando no sabes muy bien cómo hacerlo, pero sí más tranquila con lo que es. Durante mucho tiempo he funcionado con capas, con defensas, con una forma de estar que me ayudaba a sostener todo lo que venía de fuera. En este disco hay menos armadura. Menos necesidad de demostrar. Es una Malú que se permite decir: esto me ha pasado, esto me ha dolido, esto me ha construido y aquí estoy.

2. ¿Qué le dirías hoy a aquella niña que empezó tan pronto?

Le diría que respire. Que no tiene que poder con todo. Que puede ser tímida, tener miedo, equivocarse, no saber qué decir. Cuando empiezas tan joven, parece que tienes que convertirte en adulta antes de tiempo. Yo creo que le diría: disfruta más, no te exijas tanto y no confundas la responsabilidad con dejar de ser niña.

3. Has contado que durante años construiste un personaje para sobrevivir a la exposición. ¿Cuándo empezaste a sentir que ya no querías seguir interpretándolo?

No creo que hubiera un día exacto. Es algo que se va rompiendo poco a poco. Durante mucho tiempo ese personaje me sirvió, me protegía. Era una manera de salir al mundo, de enfrentarme a los escenarios, a las entrevistas, a las expectativas, a todo. El problema llega cuando ya no sabes dónde acaba la protección y dónde empiezas tú. Ahí entendí que, si quería volver a disfrutar de la música, tenía que volver a encontrarme primero.

4. En este disco hay fragilidad, pero también mucha fuerza. ¿Te ha costado más mostrarte vulnerable o aprender a poner límites?

Poner límites. Mostrarte vulnerable da vértigo, claro, porque parece que te quedas un poco desnuda. Pero poner límites implica aceptar que no todo el mundo lo va a entender. Y eso cuesta. Yo he sido muy de tirar para adelante, de no parar, de no quejarme, de poder con todo. Ahora estoy aprendiendo que cuidarse también es una forma de fuerza. Y que decir “hasta aquí” no te hace menos entregada ni menos profesional.

5. Después de tantos años de carrera, ¿qué parte de ti sigue intacta cuando entras a cantar?

La emoción. Eso no ha cambiado. Puede cambiar la manera de vivir la industria, la exposición, las prioridades, incluso la relación con el escenario. Pero cuando canto y una canción me atraviesa de verdad, ahí sigo reconociéndome. Hay algo muy primario, muy mío, que sigue estando igual que al principio. Esa niña que cantaba porque lo sentía antes de entender todo lo que venía después sigue ahí.

6. ¿Cuánto ha influido la maternidad en este proceso de irse quitando capas?

Muchísimo. La maternidad te recoloca. Te cambia el centro de gravedad. De repente hay algo mucho más importante que tú, que tu carrera, que la opinión de los demás o que esa exigencia que arrastras durante años. A mí me ha ayudado a relativizar, a quitarle peso a muchas cosas y también a mirarme con más ternura. No desaparece la artista, pero deja de ocuparlo todo. Y eso, en mi caso, ha sido muy sano.

7. Este año serás pregonera de la Feria Real de Algeciras. ¿Qué significa para ti?

Es muy especial. Algeciras no es un sitio cualquiera para mí. Forma parte de mi historia familiar, de mis recuerdos, de mis veranos, de una manera de entender la música y la vida. Que me pidan poner voz a un momento tan importante de la ciudad me toca desde un lugar muy personal. No lo vivo como un acto más, sino como algo que conecta con mis raíces y con mucha gente a la que quiero.

8. Dime qué representan estos nombres: Rinconcillo, “Especiales”, Bernardo, Plazoleta.

Representan memoria. El Rinconcillo es infancia, verano, familia, mar, esa sensación de volver a un lugar donde una se reconoce. Y los otros nombres tienen que ver con personas, con momentos, con escenas pequeñas que se quedan guardadas de una manera muy íntima. A veces no son grandes historias, sino una comida, una conversación, una noche larga, una canción sonando. Ese tipo de recuerdos que no hace falta explicar demasiado porque siguen vivos.

9. En Algeciras hablar de tu familia es hacerlo de Paco y Pepe de Lucía y de una forma muy profunda de vivir el flamenco. ¿Cómo se convive con una raíz tan grande sin dejar de hacer tu propio camino?

Con muchísimo respeto y procurando que ese respeto no se convierta en peso. Yo vengo de una familia donde la música se ha vivido de una forma muy natural, muy profunda y muy de verdad. Eso está ahí. Sería absurdo negarlo. Pero también he tenido siempre claro que tenía que encontrar mi voz, mi sitio y mi manera de contar. El legado no debería inmovilizarte. Debería darte raíz para poder moverte.

10. Y déjanos terminar con algo más personal desde KE. Aquí se echa mucho de menos a Ricarda: su energía, su fuerza, su autenticidad y esa manera tan suya de crear familia allí donde estaba. Sabemos que también fue alguien muy querida para la vuestra. ¿Qué recuerdo bonito te viene cuando piensas en ella?

Start typing and press Enter to search