Pintar el espacio: la maestría de la muralista Johina G. Concheso
Trotamundos, enérgica y libre. La muralista Johina G. Concheso combina arte, restauración, conocimiento y sensibilidad en cada uno de sus proyectos. Su trabajo tiene más que ver con entender un espacio que con intervenirlo.
La pintura mural se ha colado en los grandes proyectos de interiorismo, estas obras de arte son capaz de transformar por completo los espacios. Y si hay un nombre que resuena con fuerza es el de Johina G. Concheso. Hablamos con esta muralista, que estudió restauración de pintura y madera y cuya obra abarca lugares insólitos que van desde un hotel en China a un vestido para Scarlett Johanson en una película de Wes Anderson. Una carrera artística que no conoce límites y que nos cuenta con una pasión increíble.
Empezó a pintar siendo pequeña. Su padre era arquitecto y pintor cubano; su madre fue la primera que le hizo su primer encargo: si pintaba un mural en el comedor y 14 sillas, le pagaría un viaje a Japón. Sin saberlo, así empezó la carrera de una de las muralistas más importantes de nuestro país, con lista de espera hoy en día.
La pared es tu lienzo. ¿Qué es lo que más te atrae del mural?
Lo que más me atrae, es encontrar el diseño perfecto para ese espacio, el dialogo entre el cliente y mi equipo, es un trabajo conjunto en el que nos adaptamos todos para crear un lugar con alma. Me gusta dedicar mucho tiempo a la parte de investigación y al diseño, para que luego fluya la pintura sin frenos ni dudas. Es un mundo en el que me gusta envolverme, cuando estoy pintando es como si me escondiera en un bosque.
¿Es por esto que tu trabajo es tan ecléctico?
Sí, cada proyecto es distinto porque depende de la necesidad del cliente y porque me gusta, al igual que a ellos, que la obra sea personalizada.
Varía también el estilo en función la luz, del espacio, si es un restaurante, una vivienda, un hotel… Es un trabajo artesanal y colaborativo.
¿Qué importancia tiene la materia prima en tus murales? ¿Influye tu formación y experiencia en restauración?
La materia prima es fundamental para la durabilidad, utilizo los mejores pigmentos y acrílicos para que el mural envejezca bien. En mi estudio experimento constantemente con nuevos materiales para ver cómo reaccionan a la luz, la humedad y el paso del tiempo. Me siento con la responsabilidad de que la obra perdure.
Tampoco tienes límites. Has trabajado en el Palacio Real, residencias y hasta en una película de Wes Anderson. ¿Cuál consideras que ha sido hasta ahora tu mayor reto?
La verdad es que he vivido unas experiencias maravillosas. El proyecto de Wes Anderson fue una de ellas. Había pintado sobre lienzos, metal, cristal, madera, piedra…, pero nunca sobre una seda tan fina y sin margen de error.
Creo que otra de mis mejores experiencias fue un mural que pintamos en Jiangxi, China, en un muro de doscientos de metros de largo en un hotel de lujo. Se pintó por franjas en las que intervenimos 16 muralistas de distintas partes del mundo, uno por país, yo representaba a Cuba, en honor a mi padre, la artista cubana Glenda León le hablo al comisario de la exposición de mí, y fui seleccionada. Estuvimos semanas trabajando juntos y fue una experiencia inolvidable y más compartida con mi gremio.
Eres también artífice de los murales de los Hoteles Misiana y El Escondite en Tarifa
Es otro proyecto que disfruté muchísimo, más siendo en Tarifa. Hubo un equipo fantástico detrás. En Misiana, la propiedad del hotel tenía muy claro el concepto y fue maravilloso trabajar sobre esa idea del diseño de los años 60-70 de Miami. Además, trabajé por primera vez sobre el ladrillo visto y dejó unas texturas muy cálidas. En el Escondite optamos por algo más abstracto, más ligado a Tarifa. Me encantó hacer los barcos de pescadores que hay subiendo a la azotea.
Viajas por todo el mundo, pero sabemos que siempre vuelves a Sotogrande ¿qué significa para ti?
Sotogrande es el lugar en el que aprendí todo lo que ha marcado mi vida, no sería igual sin esos veranos infinitos, esas navidades donde nos reuníamos los hermanos y amigos, para mi es el lugar más importante que conozco. Está lleno de mis mejores momentos.
Mi familia llegó allí a finales de los años 60, mi tío Peter Carpenter era muy amigo de George Moore. Pia, su hija, fue mi mejor amiga, nos escondíamos entre alcornoques y arbustos de lentisco, montábamos tiendas de campaña, nos íbamos de feria en feria con todos los amigos en moto, construíamos barcos, montábamos a caballo, aprendimos tantos a nadar con Manolo en el Cucurucho, los concursos de disfraces en los que mi padre nos convertía en serpientes, alcornoques o en duendes de buganvilla….
No hay una idea de estilo que atraviese todo su trabajo. Lo que se repite es otra cosa: la forma de mirar antes de intervenir. El tiempo que necesita cada proyecto. Y la intención de que todo encaje sin llamar demasiado la atención. Y probablemente por eso funciona.

